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Sobre el Imperialismo de Lenin

el imperialismoCompartimos el texto de la intervención de nuestro Secretario General, Ricardo Cohen en la Charla “EL IMPERIALISMO, a 100 años de la obra de Lenin que cambió la forma de ver el mundo”, organizada por el Centro de Estudiantes de Humanidades y Ciencias de la Educación (CEHCE-FEUU) el 16 de junio pasado.

Con motivo del 100 aniversario del libro de Lenin  “EL IMPERIALISMO FASE FINAL DEL CAPITALISMO”

En primer lugar reafirmamos la vigencia de esta obra fundamental del desarrollo leninista del marxismo, que permitió comprender la naturaleza de la guerra que se estaba desarrollando en ese momento y que también es la base para comprender los cambios económicos y políticos que produjeron la fase superior del capitalismo, que abre la época del imperialismo y la revolución proletaria, en la que vivimos hoy.

Este gran aporte teórico sustenta la elaboración de una estrategia revolucionaria y tácticas justas por parte del proletariado y los pueblos y naciones oprimidas del mundo. Esto se comprobaría en la práctica ya con la primera revolución proletaria triunfante, la Revolución Socialista en Rusia, en octubre de 1917 y a nuestro entender a lo largo de estos 100 años de luchas.

Del Capitalismo de libre concurrencia al capitalismo monopolista

Sobre la base de la teoría marxista Lenin estudió profundamente los cambios que se habían producido a fines del siglo XIX y principios del XX, comprobando que el capitalismo de libre concurrencia había devenido ya en capitalismo monopolista.

En el capítulo 1, La concentración de la producción y los monopolios dice:

“La competencia se convierte en monopolio. De aquí resulta un gigantesco progreso de la socialización de la producción. Se efectúa también, en particular, la socialización del proceso de inventos y perfeccionamientos técnicos. Esto no tiene ya nada que ver con la antigua libre concurrencia de patronos dispersos, que no se conocían entre sí y que producían para un mercado ignorado. La concentración ha llegado hasta tal punto, que se puede hacer un cálculo aproximado de todas las fuentes de materias primas (por ejemplo, yacimientos de minerales de hierro) en un país, y aun, como veremos, en varios países, en todo el mundo. No sólo se realiza este cálculo, sino que asociaciones monopolistas gigantescas se apoderan de dichas fuentes. Se efectúa el cálculo aproximado del mercado, el que, según el acuerdo estipulado, las asociaciones mencionadas se “reparten” entre sí. Se monopoliza la mano de obra calificada, se toman los mejores ingenieros, y las vías y los medios de comunicación — las líneas férreas en América, las compañías navieras en Europa y América — van a parar a manos de los monopolios citados. El capitalismo, en su fase imperialista conduce de lleno a la socialización de la producción en sus más variados aspectos; arrastra, por decirlo así, a pesar de su voluntad y conciencia, a los capitalistas a un cierto nuevo régimen social, de transición entre la plena libertad de concurrencia y la socialización completa.”

“La producción pasa a ser social, pero la apropiación continúa siendo privada. Los medios sociales de producción siguen siendo propiedad privada de un número reducido de individuos. El marco general de la libre concurrencia formalmente reconocida persiste, y el yugo de un grupo poco numeroso de monopolistas sobre el resto de la población se hace cien veces más duro, más sensible, más insoportable”.

Esta es contradicción fundamental del capitalismo en esta fase y se expone de una manera más clara y cruel en cada crisis económica, como la que está viviendo el mundo desde el 2007.

 Sobre la Guerra Imperialista

Lo que plantea Lenin sobre la guerra que se estaba desarrollando, la Primera Guerra Mundial, es aplicable no solo a las guerras interimperialistas sino también a las guerras de agresión imperialista, como las que se están desarrollando hoy en Libia, Siria, Irak, Afganistán, Palestina y otros países, y que hay quienes definen como “Una guerra mundial por etapas”.

Dice Lenin en el capítulo V:

“Algunos escritores burgueses (a los cuales se ha unido ahora C. Kautsky, que ha traicionado completamente su posición marxista, por ejemplo, de 1909) han expresado la opinión de que los cartels internacionales, siendo como son una de las expresiones de mayor relieve de la internacionalización del capital, permiten abrigar la esperanza de la paz entre los pueblos bajo el capitalismo. Esta opinión es, desde el punto de vista teórico, completamente absurda, y, desde el punto de vista práctico, un sofisma, un medio de defensa poco honrado del oportunismo de la peor especie. Los cartels internacionales muestran hasta qué grado han crecido ahora los monopolios capitalistas y cuáles son los objetivos de la lucha que se desarrolla entre los grupos capitalistas. Esta última circunstancia es la más importante, sólo ella nos aclara el sentido histórico-económico de los acontecimientos pues la forma de lucha puede cambiar y cambia constantemente como consecuencia de diversas causas, relativamente particulares y temporales, pero la esencia de la lucha, su contenido de clase no puede cambiar, mientras subsistan las clases. Se comprende que a los intereses de la burguesía alemana, por ejemplo, a la cual se ha pasado en realidad Kautsky en sus razonamientos teóricos (como veremos más abajo), convenga velar el contenido de la lucha económica actual (por el reparto del mundo) y subrayar ya ésta ya la otra forma de dicha lucha. Este es el mismo error en que incurre Kautsky. Y se trata, naturalmente, no sólo de la burguesía alemana, sino de la burguesía internacional. Los capitalistas reparten el mundo, no como consecuencia de su particular perversidad, sino porque el grado de concentración a que se ha llegado les obliga a seguir este camino para obtener beneficios; y se lo reparten “según el capital”; “según la fuerza”; otro procedimiento de reparto es imposible en el sistema de la producción de mercancías y del capitalismo. La fuerza varía a su vez en consonancia con el desarrollo económico y político; para comprender lo que está aconteciendo, hay que saber cuáles son los problemas que se solucionan con el cambio de las fuerzas, pero saber si dichos cambios son “puramente” económicos o extraeconómicos (por ejemplo, militares), es una cuestión secundaria que no puede hacer variar en nada la concepción fundamental sobre la época actual del capitalismo. Sustituir la cuestión del contenido de la lucha y de las transacciones entre los grupos capitalistas por la cuestión de la forma de esta lucha y de estas transacciones (hoy pacífica, mañana no pacífica, pasado mañana otra vez no pacífica) significa descender hasta el papel de sofista.

La época del capitalismo moderno nos muestra que entre los grupos capitalistas se están estableciendo determinadas relaciones sobre la base del reparto económico del mundo, y que, al mismo tiempo, en conexión con esto, se están estableciendo entre los grupos políticos, entre los Estados, determinadas relaciones sobre la base del reparto territorial del mundo, de la lucha por las colonias, de la “lucha por el territorio económico”.

Los 5 Rasgos Fundamentales del imperialismo (del Capítulo 7)

Dice Lenin: “conviene dar una definición del imperialismo que contenga sus cinco rasgos fundamentales siguientes, a saber: 1) la concentración de la producción y del capital llegada hasta un grado tan elevado de desarrollo que ha creado los monopolios, que desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este “capital financiero”, de la oligarquía financiera; 3) la exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particular; 4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo, y 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes. El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capital, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre los países capitalistas más importantes.”

La lucha contra el oportunismo.

Dice Lenin: “Esta capa de obreros aburguesados o de “aristocracia obrera”, completamente pequeños burgueses en cuanto a su manera de vivir, por la cuantía de sus emolumentos y por toda su mentalidad, es el apoyo principal de la Segunda Internacional, y, hoy día, el principal apoyo social (no militar) de la burguesía. Pues éstos son los verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero, los lugartenientes obreros de la clase capitalista (labour lieutenants of the capitalist class), los verdaderos portadores del reformismo y del chovinismo.” (V° Prólogo)

Es muy importante su crítica a Kautsky, principal teórico de la época de la II internacional, y exponente del revisionismo solapado y desde “dentro del marxismo”, supuestamente “ortodoxo”, que objetivamente encubre la verdadera naturaleza del imperialismo y siembra falsas ilusiones en el seno del movimiento obrero.

“Lo esencial consiste en que Kautsky separa la política del imperialismo de su economía, hablando de las anexiones como de una política “preferida” por el capital financiero y oponiendo a la misma otra política burguesa posible, según él, sobre la misma base del capital financiero. Resulta que los monopolios en la economía son compatibles con el modo de obrar no monopolista, no violento, no anexionista en política. Resulta que el reparto territorial del mundo, terminado precisamente en la época del capital financiero y que constituye la base del carácter particular de las formas actuales de rivalidad entre los más grandes Estados capitalistas, es compatible con una política no imperialista. Resulta que de este modo se disimulan, se atenúan las contradicciones más radicales de la fase actual del capitalismo en vez de ponerlas al descubierto en toda su profundidad; resulta un reformismo burgués en lugar del marxismo.” (capítulo 7)

Esto está planteado crudamente en nuestro país hoy donde el reformismo electorero y el oportunismo, ahora desde el gobierno proimperialista del Frente Amplio y la mayoría de la dirección del movimiento sindical y social, vienen planteando de muchas formas que es “posible otro Uruguay” y “otro Mundo”, sin una verdadera revolución democrática, agraria y antiimperialista en marcha ininterrumpida al Socialismo. Esto más allá de que en 1992 después del colapso de la URSS, la mayoría del CC del PCU se pasa a la llamada “renovación”, o sea del revisionismo tipo Kautsky al tipo Berstein más cercano al liberalismo burgués y a la crítica abierta al marxismo.

La derrota del socialismo en la URSS y en China, los cambios en la economía mundial y la supuesta globalización

Luego de décadas de socialismo y de enormes avances para sus pueblos, de su extensión a la tercera parte de la humanidad, y de haber demostrado su superioridad, el socialismo fue derrotado en 1957 en la URSS. Con el ascenso del Revisionismo al poder con Jrushov, y las nuevas tesis aprobadas en el 20°Congreso del PCUS de 1956, la burguesía burocrática monopolista toma el poder, se restaura el Capitalismo de una nueva forma y la URSS pasa a ser una superpotencia socialimperialista.

Sobre esto, son fundamentales los aportes de Mao y el PCCH. (1) En 1991 se da el sinceramiento capitalista y el colapso de la URSS como tal.

Mientras tanto en China, luego de la muerte de Mao, en 1978, Ten Siaoping y su grupo revisionista, toma el poder y comienza el camino de “reformas” y desarrollo de la “economía de mercado” que han llevado hoy a China a ser también una gran potencia capitalista y un país imperialista que explota a los pueblos oprimidos y disputa por materias primas y mercados en el mundo actual.

Estos hechos además de ser un gran golpe al proletariado internacional, llevaron a cambios de gran importancia en el plano económico porque después de mucho tiempo se da la total reunificación del mercado capitalista mundial.

A partir de esto surge desde los ideólogos del imperialismo y también desde algunos sectores seudoprogresistas las teorizaciones utópicas y reaccionarias sobre la “globalización”, que se apoyan también en los adelantos tecnológicos en las comunicaciones, la informática y el transporte y a que hay un proceso de mayor internacionalización de la producción.

La globalización, el ultraimperialismo o el mundo unipolar son imposibles en esta época y como demuestra hoy la lucha de clases, la lucha antiimperialista y la lucha interimperialista. Siguen vigente la definición leninista de época, del imperialismo y la revolución proletaria y las contradicciones fundamentales de la misma: 1) la que existe entre el proletariado y la burguesía, 2) la que opone a los países imperialistas y a los monopolios entre si y 3) la contradicción entre un puñado de países imperialistas y la mayoría de los pueblos y naciones oprimidas del mundo.

Esta última es, actualmente, la contradicción que está más agudizada, como lo demuestran la persistencia y extensión de las guerras de agresión imperialistas citadas y las grandes luchas obreras y populares, puebladas e incluso la persistencia y desarrollo de guerras revolucionarias, que enfrentan al imperialismo y las oligarquías locales en el Tercer Mundo, como en Filipinas, la India, Turquía, Kurdistán, pero la crisis viene tensando fuertemente y cada día más las contradicciones interimperialistas, aumentando incluso el riesgo de una guerra mundial.

La crisis económica internacional

La crisis económica actual comenzó en los principales centros imperialistas, estalló en los EE.UU en el 2007 y se extendió a Europa, y se convirtió en una crisis económica mundial, cíclica y de sobreproducción relativa, propia del capitalismo, pero solo comparable por su extensión, profundidad y duración con la crisis de 1929. En los últimos años hay una débil recuperación de la economía yanki, que crece al 2% (luego de años de la inyección de miles de millones de dólares al sistema bancario) se mantiene el estancamiento en Europa y Japón y China que durante una década había sido la “locomotora” del sistema, creciendo a más del 10%, ha caído a un crecimiento del 6,5% el año pasado.

Esto ha llevado a que se termine con el ciclo de los altos precios de las materias primas a nivel mundial y del gran flujo de capitales a los países del tercer mundo, especialmente a América Latina. Esto ha generado fuertes impactos de la crisis internacional en la región, con recesión en Brasil, estancamiento en la Argentina y la crisis en Venezuela. Lo que generó condiciones para la crisis económica en nuestro país que de cualquier forma se debe principalmente a la política económica del gobierno del FA, atado a las recetas del FMI, el BM y a la división internacional del trabajo imperialista que imponen la desindustrialización, la apertura y la liquidación de la pequeña y mediana producción agraria nacional. E imponen además que cuando se producen las crisis, estas se descargan sobre las espaldas del pueblo trabajador, como está ocurriendo con el ajuste fiscal, la inflación galopante, el impuestazo y la rebaja salarial en curso.

La lucha interimperialista hoy

Dentro de los principales países imperialistas que se disputan la hegemonía, además de los tradicionalmente reconocidos, EE.UU, Europa (principalmente Alemania, Francia e Inglaterra) y Japón, están Rusia y China (a pesar de la bandera roja y de la existencia del actual PCCH). Luego hay una cantidad de pequeños países imperialistas de segundo orden (de los que Lenin habla en este libro) en Europa, Brasil (sexta economía del mundo hoy) y la India que hoy son potencias regionales.

Es de importancia decisiva que el proletariado observe bien las contradicciones interimperialistas, que las aproveche a su favor en la lucha revolucionaria, cuidándose de negarlas pero también de ponerse a la cola de tal o cual potencia en su disputa con las otras, lo que llevaría a una perpetuación de la explotación imperialista, del subdesarrollo y la dependencia.

El imperialismo yanki luego del colapso de la URSS ha quedado como la única superpotencia por su poderío económico, político y militar, pero está en declinación y en un mundo multipolar. En estos años Europa se ha ido unificando y fortalecido política y militarmente a pesar de la crisis económica y el estancamiento. Rusia se ha venido recuperando, aunque con altibajos ahora por la crisis de los precios de los hidrocarburos y por las sanciones económicas que le impusieron. En estos años, incluso ha enfrentado militarmente a la OTAN en Crimea y actualmente sostiene política y militarmente al gobierno sirio. China ha superado recientemente el PBI de los EE.UU y en estos años ha expandido sus inversiones por América Latina junto a su mayor peso político. Se expande fuertemente en el África y viene fortaleciéndose militarmente, especialmente en su región.

En el plano internacional han surgido el BRICS y acuerdos muy importantes, económicos y militares entre Rusia y China.

El imperialismo yanki es el más agresivo y viene desarrollando guerras de agresión, buscando una salida ante cada crisis pero empantanándose en ellas, en Afganistán e Irak, sosteniendo a Israel en su genocidio al heroico pueblo palestino e interviniendo en Siria. Esto se agravó con mayor intensidad después de los ataques a las Torres gemelas, del 11 de setiembre de 2001 con los que justificó la invasión y ocupación de Afganistán y posteriormente la de Irak, intentando controlar zonas del Asia Central, sus fuentes de petróleo, oleoductos y el abastecimiento hacia Europa, Japón y China. Está empeñado actualmente, junto a la OTAN en fortalecer sus posiciones militares en varias fronteras de Rusia.

Han sido permanentes también las amenazas de los sucesivos gobiernos yankis contra Irán, Corea del Norte, Siria, Cuba (aunque esto se ha distendido algo recientemente) y Venezuela donde en estos momentos se está llegando a un grado superior, con peligro de intervención y golpe de los sectores más reaccionarios y fascistas.

La situación actual en América Latina

En América Latina desde el Caracazo de 1989 se han producido grandes luchas obreras, campesinas, indígenas y populares, verdaderas puebladas que tiraron gobiernos reaccionarios en Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia y Paraguay. En Venezuela y Bolivia se forjaron desde esas luchas auténticos gobiernos antiimperialistas y populares, como el gobierno Bolivariano del comandante Hugo Chávez y el de Evo Morales, con sus limitaciones y contradicciones, pero que enfrentaron a las oligarquías y particularmente al imperialismo yanki y se sumaron a Cuba en ese frente. Desde estos procesos se ha impulsado la alianza del ALBA y también organismos latinoamericanos sin los yanquis como la UNASUR y la CELAC.

En otros países, sobretodo enfrentando las crisis del 2000 al 2002, esas luchas generaron las condiciones para que en se instalaran, mediante las elecciones, gobiernos que se definieron como de izquierda o progresistas, pero que en los hechos fueron y son oportunistas y demagógicos, cayeron en la corrupción e hicieron continuismo de los partidos de la derecha tradicional.

Esto fue encubierto de alguna forma por el nuevo ciclo de crecimiento de la economía basado en los altos precios de las materias primas y el gran flujo de capitales a la región, que duró hasta hace tres años, lo que les permitió distender la situación social, recuperándose hasta cierto punto de la gran desocupación del período de crisis y desarrollar el asistencialismo indicado por los organismos internacionales.

Estos son los casos del Brasil, con los gobiernos del PT, de los gobiernos Kirchneristas, del gobierno de Bachelet en Chile, de los gobiernos del Frente Amplio en nuestro país, del último período del Correa de Ecuador (en el primero se enfrentó en algunos aspectos) y el gobierno de Lugo en Paraguay.

En este último año sobre todo, al mismo tiempo que se sienten fuerte los efectos de la crisis en la región, el imperialismo yanki logra algunos éxitos, instalando gobiernos más afines como en Argentina y Brasil (aunque esto aún está en desarrollo) ha distendido algo con Cuba y con la guerrilla colombiana y trata de aislar y golpear fuerte al gobierno bolivariano de Venezuela. Al tiempo que hace esto, trata de frenar el gran avance de China y otros rivales imperialistas en la región.

Pero la crisis, la recesión, los ajustes fiscales y las rebajas de salarios y jubilaciones, sumados a la crisis en el campo ya están gestando las condiciones para un nuevo ciclo de grandes luchas populares.

Como dijo Lenin: “El imperialismo es el preludio de la revolución social del proletariado” (IV° Prólogo).

Ricardo Cohen
16 de Junio 2016

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(1) Se encuentra en la “Polémica Acerca la Línea General del Movimiento Comunista Internacional”, disponible en forma completa y en español en el siguiente link: http://pcr.org.uy/?page_id=112

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